Salir

Un escritor suigéneris

Un día, el jardinero que trabajaba para mí, se me acercó y me dijo:

-¿Dutorcito, vusté escrebe?

-Bueno, si. Esa es mi profesión -le dije.

Entonces se abrió el overol y sacó unas hojas de papel que, cuando las tuve en mis manos, vi que estaban escritas a mano.

-Dutorcito, ¿podería leyer esto?

-Y... ¿qué es?

-Mi nuevela que quero publicitar

Ahora sí me quedé en babia. Pero, analizando, entendí que me quería decir que tenía una novela que quería publicar. Se lo dije y me respondió que sí.

-¿Y tú lo escribiste?

-Bueno... Yo me la inventí pero mi hija, que es más cultivada que mi persona, la escrebió.

-Ah, si claro. ¿Y quieres que yo la lea?

-Eso, Dutorcito, que la leiga pa’ saber si la publicito.

Y esto fue lo que leí. Advierto que lo transcribo tal y conforme él lo escribió. Es decir, los “horrores” de ortografía son de él, no mios. Y si la hija, que según él escribió todo y era más «cultivada», pues cualquier aclaración adicional sobra. Dicho esto, aquí va tal y conforme me lo narró:

«Contesió que en una vereda bian dos casononas, no, que digo: dos jijuemadres menciones ni las berriondísimas y en caduna bibían, mejor dicho: bitaban un jobensito nuna y una jobensita en lotra. Y se jondiaban miraditas luno a lotro y li pidián a sus santos preferidos para que se conocieran. Ella resaba a su santito preferido San Pármelo y él a su santito preferido: San Párselo. Pero, nanai cucas: no se topaban. Bueno, ella también en veses li pidiá a San Pámelo también.

«Por jin el jobensito se dio de moñas, digo, de mañas y, atisbando que naiden lo pistiara, se jue en las meras putitas de piez hasta ontaba la jobensita. Ella lo vio sercarse y se pusió ñervosa, ñervorisísima. Él la calmonió y li digió que se calmoniara porque si aseguía ñervosa los hiban a desincubrir sus papases. Y anton ella se calmonió.

-¿Y como se renombrea vusté? -le preguntó él

-Mariposita -respondió ella

-¿Mariconsita? -pregunto él

-Mariconsita será su buela -le dijo ella nergúmena

-Güeno, güeno, cualquier menso se enquiboka

-No cualquier menzo: ciertos menzos.

«Pero enseguidísisima se calmoniaron los dos y se jondiaron muy más miraditas de amor. Y él la vañava de amor; y ella lo vañaba de amor; y él quería comérsela de amor y ella que se la comiera. Pero los dos ambos taban a dieta.

«Anton él como que quiso toquetiarle la manita pero ella nian se dejó

-¿Y antón qué? -dijo él

-¿Y anton qué de qué? -dijo ella

-Güeno... ¿anton quiasemos?

-¿Quiasemos de qué? -respondió de nuevo ella

-Pus aquí parados como menzos

-Parado como menzote, vusté; yo no.

«Pero se calmodiaron nuebonamente y güelvieron las miraditas diamor. Silenziosísimos tubieron un güen ratotote. Al fin él, endespués de pensar tuel ratotote encontró las palabras esatas para seguir en la conbersa:

-¿Y anton qué? -dijo él

-Otra ves este menzo: ¿que qué de quéeeeee?

-¡Qué anton quiasemos! -gritó él

-¡Nada, idiota, nada!

-Pa’ bruta, vusté: ¡yo nian sabo nadar!

Ella se carcajió

-Y yo diske hasiéndole carantoñitas a este remenzo.

Pero enseguidísisima se calmoniaron los dos de a güevo, digo: de nuevo y se jondiaron muy más miraditas de amor. Y él la vañava de amor; y ella lo vañaba de amor; y él quería comérsela de amor y ella que se la comiera. Y él oiservió en la tierra una naranja y la levantó. Y güelvió a hablar con nuevos tríos, perdón, bridos:

-¿Y anton qué? -dijo él

-¡Meeennnzzzooo: ¿que qué de quéeeeee?!

-¡Que anton quiasemos! -gritó él

«Pero enseguidísisima se calmoniaron los dos y se jondiaron muy más miraditas de amor. Y él la vañava de amor; y ella lo vañaba de amor; y él quería comérsela de amor y ella que se la comiera. ¡Y él se la comió! Pero la naranja, porque la jobensita se dispareció y no güelvió a berla nevera in di fuquin laife»

Mi hija también cascarea el frarsés, me aclaró para justificar la última frase, creo. Bueno, una historia como para “nuevelarla”, como diría mi empleado. ¿O no? ¡Gur Bay! Perdón, Good Bye...